Reflexiones sobre la adolescencia: 13 Rasgos de los adolescentes (I)

 

Dirigimos ahora la atención a la descripción de algunos rasgos típicos en los adolescentes, que acompañaremos con opiniones y consejos de padres con experiencia.

1. Los adolescentes sienten una fuerte inclinación a afirmar su independencia respecto a los padres.

Esto es algo normal, natural e incluso necesario en su crecimiento. Antes o después, hay que verlo así, tienen que llegar a ser independientes. La edad entre los doce-trece y los diecisiete años es el tiempo de preparación para dar ese gran paso.

Cuando se produce una tensión aguda en las relaciones personales, se debe generalmente a que, o bien se niega una verdad, o bien se ignora esta. En la sociedad occidental moderna, las tiranteces entre padres e hijos adolescentes suelen originarse en la falta de equilibrio entre la libertad (la independencia) y la responsabilidad.

Aunque las mentes y los cuerpos de los adolescentes son en esencia los de jóvenes adultos, las costumbres sociales mantienen aun a los adolescentes en un estado de dependencia infantil en el hogar. Los jóvenes van poco a poco descubriendo las facultades propias de los adultos -poder para engendrar hijos, capacidad para gastar ciertas cantidades de dinero, y para ir y venir como les place (normalmente, con más libertad física de la que disfrutan sus padres), autonomía para emplear mucho tiempo en actividades sin ningún control parental, o para obtener y consumir alcohol y otros productos-. Aunque tienen a su alcance estas y otras posibilidades propias de los adultos, por lo general carecen de las correspondientes responsabilidades que recaen sobre las personas que son ya maduras.

La verdad, que es central en la vida moral -que la libertad debe ser contrapesada por la responsabilidad-, se descompensa. De aquí suelen arrancar las tensiones entre los padres y sus hijos adolescentes. Por esta razón, los padres deben hacer hincapié en que los chicos asuman responsabilidades. No es tarea fácil. Pero tampoco es imposible.

Por principio, la mayoría de los adolescentes quieren de verdad ser mayores, pero necesitan aprender lo que eso significa. La vida no es un juego. La diversión no proporciona una profunda y verdadera felicidad. Las victorias reales en la vida se alcanzan con el ejercicio responsable y consciente de la libertad. Otras personas necesitan de nuestras fuerzas para cumplir las obligaciones de su existencia.

Los adolescentes que aceptan esa responsabilidad llegan pronto a mayores; los que no, pueden continuar como adolescentes incluso después de superar los veinte años, o incluso mucho más.

2. Alguien dijo que vivir con un adolescente es como compartir tu hogar con una persona que sufre de una ligera locura pasajera. No es del todo inexacto.

Las hormonas que circulan por el cuerpo en crecimiento de un adolescente son poderosos reactivos químicos. Como muchas otras sustancias bioquímicas, algunas veces producen efectos psicosomáticos secundarios, que provocan fuertes cambios de temperamento (del júbilo vertiginoso a la tristeza, y viceversa), y arrebatos de comportamiento semi-irracional. Los chicos de trece o catorce años se repliegan en sí mismos sin ningún aparente motivo. Con quince años les gusta discutir por discutir, buscando sin piedad los errores de lógica. Los adolescentes exageran sus faltas y las de otros. En resumen, su comportamiento es muchas veces impredecible y alocado.

La clave que hay que recordar es la siguiente: no tomarlo nunca como algo personal. Es difícil porque parecen «irracionales», y nosotros -adultos- reaccionamos naturalmente con enfado o irritación ante la descortesía y la rudeza de modales. Pero es importante cultivar una perspectiva un tanto distante (sin llegar a parecer despreocupado de los hijos) y permanecer tan tranquilo e impertérrito como sea posible, capeando las provocaciones con paciencia y ecuanimidad. Las discusiones a gritos no resuelven nada.

La falta de control emocional en los adolescentes (que, como hemos dicho, no es enteramente culpa suya) necesita de su dominio de la situación. A veces ayuda mucho recordar lo que uno mismo pasó cuando tenía quince años (…). En cualquier caso, es bueno intentar demostrar el mismo amor y la misma objetividad ante esas provocaciones enojosas que tendrían, por ejemplo, con una persona mayor excéntrica y despistada a la que quieren de verdad.

Las reacciones químicas cerebrales son bastante parecidas. Antes o después, los procesos bioquímicos se estabilizan y se alcanza el equilibrio, como quizás nos ocurrió a nosotros mismos en el pasado: los hijos volverán a comportarse de modo “racional”.

Mientras tanto, ellos necesitan un guía firme y comprensión cariñosa para conducirles a través del ‘valle de sombras’ que están atravesando.

3. El rasgo dominante de los adolescentes es la incertidumbre, aunque a menudo se manifiesta como tozudez o resentimiento en lo referente a reglas o limitaciones. En consecuencia, necesitan que los padres (y otros adultos responsables) les den puntos de referencia que les proporcionen seguridad. Necesitan de su confianza, y necesitan también claridad de objetivos. Aquí es donde muchos padres fallan, pues al faltarles convicciones bien articuladas, se muestran inseguros al hacer frente a los desafíos de sus hijos. Esas personas intentan compensar la situación ejerciendo el control por el control, o se retraen en el permisivismo, de modo que por su inseguridad hacen caso omiso de las inquietudes de los chicos. Yerran, por tanto, al querer proporcionar una guía externa a los muchachos, cuando los chicos no tienen todavía una guía interna propia. Así, los adolescentes pueden llegar a estar completamente fuera de control, y esto puede llegar a ser terrible, e incluso trágico en ciertos casos.

Los chicos necesitan que se deposite su confianza en ellos. Tienen que ver que sus padres están orgullosos de su entereza y seguros de que pronto llegarán a ser completamente maduros. Sobre este particular, es muy bueno alabarles -igual que cuando eran pequeños- si se lo merecen en algún caso concreto. La mayoría de los padres tienden a elogiar a sus hijos por su buen comportamiento, en general, pero cuando hacen una corrección dejan claro qué es lo que está mal hecho. Los chicos necesitan que se sea explícito con ellos en ambos campos: en la crítica constructiva, así como en la alabanza. Respecto a este punto, hay que subrayar que necesitan salir de sí mismos.

Los adolescentes son muy puntillosos en lo que se refiere a su aspecto físico; pasan horas enteras mirándose en el espejo y no están seguros de que les guste lo que este refleja. Quienes emplean tiempo preocupados de sí mismos (sean adultos o adolescentes) se vuelven melancólicos, como abatidos; exageran los problemas e ignoran las necesidades de cuantos están a su alrededor. Por este motivo, el adolescente tiene que sentir que se le necesita. Eso estimula su autoestima y desarrolla su madurez de juicio.

Arrimar el hombro en el hogar, el trabajo voluntario en hospitales y dispensarios, la ayuda a los que van retrasados en los estudios, la ayuda a los pobres…, todas estas actividades hacen más profundo el carácter de los jóvenes, les enseña a usar sus facultades para dar fortaleza y consuelo a otros. Los adolescentes pueden también aprender que el servicio generoso normalmente satisface más que cualquier diversión.

Próximo capítulo (diciembre de 2019):
Reflexiones sobre la adolescencia: 13 Rasgos de los adolescentes (II)